La juventud es una etapa de transición entre la adolescencia y la edad madura. En este período, el perfil de alimentación está basado en la sencillez, rapidez y comodidad en la preparación de los alimentos.
Los jóvenes destinan un presupuesto muy limitado a la alimentación; su forma de alimentarse, además, puede considerarse no convencional, porque compaginan el acto de comer con otras actividades, como ver la televisión o sentarse frente a su ordenador. Por añadidura, su horario de comidas es muy poco estricto, realizan numerosas tomas de alimentos y, en general, comparten en pocas ocasiones la comida con la familia. Cuando comen fuera, se inclinan por bocaterías, restaurantes chinos, pizzerías, etc. donde se sirven platos de elevado contenido energético,fundamentalmente a expensas de grasas y azúcares, y alto valor saciante, que además se acompañan de bebidas alcohólicas o refrescantes, en sustitución del agua.
En la juventud no existen las elevadas demandas energéticas y nutritivas propias de la infancia y la adolescencia. En esta etapa, las necesidades son menores y dependen de la edad, el sexo, la complexión y el grado de actividad física. Para hombres son de 2.900 kcal por día y para mujeres de 2.200 kcal por día. Destacan las necesidades de calcio,
pues hasta los 30 años aproximadamente, cuando se produce la consolidación del hueso, el aporte de calcio a través de los alimentos supone un factor importante para la prevención de la osteoporosis a lo largo de la vida.
Los principales problemas relacionados con la dieta se deben al mantenimiento de dietas restrictivas, monótonas o desequilibradas que conducen a un déficit de minerales y
vitaminas. Entre los minerales que por lo general se toman en cantidades insuficientes destacan calcio, hierro y cinc, y entre las vitaminas, la A, la D, el ácido fólico, la vitamina
B12, la B6, la riboflavina, niacina y tiamina. Sin embargo, el consumo de suplementos dietéticos no debe contemplarse como sustituto de una dieta adecuada sino como complemento en casos concretos y bajo supervisión médica.
En conclusión:
- Los jóvenes deben comer de todo y la dieta deberá ser variada y equilibrada basada en la dieta mediterránea. Es decir, se tomarán de 4 a 6 raciones diarias de cereales, preferentemente integrales, un mínimo de 3 raciones de frutas, siendo 1 de ellas un cítrico, un mínimo de 2 raciones de vegetales, siendo 1 de ellas de forma cruda, de 2 a 4 raciones de lácteos, preferentemente semidesnatados. Varias veces por semana se tomarán legumbres, huevos y carnes, sin piel ni grasa visible. Por el contrario, no se aconseja limitar el consumo de grasas insaturadas como las del aceite de oliva, los frutos secos o el pescado (especialmente, pescado azul, calamares y mejillones). Los refrescos, la bollería industrial, etcétera se deben relegar a un consumo ocasional.
- Los jóvenes tienden a comer fuera de casa con mayor frecuencia que otros grupos de población. Para mantener una dieta saludable deben compensar los excesos en un plato (postre muy calórico) con opciones que equilibren dicho desajuste (ensalada de primero o carne/pescado a la plancha). Asimismo, las comidas fuera de casa deben compensarse con combinaciones adecuadas en las cenas realizadas en casa, siguiendo las recomendaciones de la pirámide nutricional.
- Se deben realizar a lo largo del día de 4 a 6 comidas de forma que el desayuno sea una de las comidas más importantes del día e incluya al menos un lácteo, cereales y fruta.
- Se recomienda llevar una vida activa para promover la salud y prevenir enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2, la enfermedad cardiovascular y ciertos tipos de cáncer.
- Si se bebe alcohol, se debe hacer con moderación.






28 marzo 2010 a las 21:27
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